Del radiador tradicional a la calefacción moderna: las claves de la eficiencia energética y el aislamiento en casa
Durante décadas, los radiadores fueron el sistema de calefacción más habitual en los hogares españoles. Funcionaban bien, eran sencillos y encajaban con la forma en la que se construían las viviendas. Hoy, sin embargo, cada vez aparecen menos en obra nueva y en reformas profundas. No es una moda ni una decisión personal del propietario: la mejora del aislamiento, la renovación energética y la normativa europea están cambiando la forma de calentar las casas y el tipo de sistemas que tiene sentido instalar.
¿Por qué los radiadores funcionaban tan bien en las viviendas antiguas?
Los radiadores tradicionales nacieron para resolver un problema muy concreto: viviendas mal aisladas. Durante años, la mayoría de las casas tenían paredes frías, ventanas poco eficientes y muchas pérdidas de calor.
En ese contexto, los radiadores, que trabajan a temperaturas muy altas, cumplían una función clave. Al calentarse mucho, irradiaban calor directamente hacia el cuerpo y compensaban esa sensación constante de frío que generaban las superficies de la vivienda. Aunque el consumo fuera elevado, el confort se conseguía.
Por eso, durante décadas, la combinación de caldera de gas y radiadores ha sido una solución lógica y eficaz para la mayoría de los hogares.
¿Qué ha cambiado en las viviendas actuales?
El punto de inflexión no está tanto en la calefacción como en la propia vivienda. En las casas nuevas y en las rehabilitaciones energéticas, el aislamiento es mucho mejor que hace 20 o 30 años.
Cuando una vivienda está bien aislada, las paredes, suelos y ventanas mantienen una temperatura muy cercana a la del ambiente interior. Esto reduce el intercambio de calor entre el cuerpo y las superficies del hogar y hace que la sensación térmica sea mucho más estable, incluso con temperaturas interiores más moderadas.
En este tipo de viviendas, ya no es necesario calentar el agua de los radiadores a 60 o 70 grados para sentir confort. El sistema puede trabajar a baja temperatura (normalmente entre 35 y 45 grados), ya que el calor se conserva mejor y se reparte de forma más uniforme, lo que cambia por completo las necesidades del sistema de calefacción.
La renovación energética que está impulsando este cambio
Este giro no es solo técnico, también es legal. La Unión Europea ha marcado una hoja de ruta clara para reducir el consumo energético y las emisiones de los edificios, responsables de una parte muy importante del gasto energético total.
La Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) establece una retirada progresiva de los sistemas de calefacción basados en combustibles fósiles y prioriza edificios cada vez más eficientes desde el punto de vista energético. Esto implica que a partir de 2030 todos los edificios nuevos deberán ser de emisiones cero, priorizando sistemas cada vez más eficientes.
En España, el Código Técnico de la Edificación (CTE) ya se adelantó a esta tendencia en su última gran actualización. Actualmente, la normativa española ya obliga a que las viviendas de nueva construcción y las grandes reformas cubran entre el 60% y el 70% de la demanda de agua caliente y climatización con energías renovables, como la aerotermia o el autoconsumo solar.
En la práctica, esto significa que muchas viviendas nuevas ya se diseñan bajo el estándar de alta eficiencia energética: primero se reduce al máximo la pérdida de calor y después se integra un sistema de calefacción que funcione a baja temperatura y de forma continua.
¿Por qué los radiadores tradicionales pierden protagonismo en obra nueva?
En este nuevo contexto, los radiadores no desaparecen, pero dejan de ser la opción más lógica en muchas viviendas. Para entenderlo, es clave diferenciar el "motor" (la caldera o aerotermia) del "emisor" (el radiador). Los modelos tradicionales estaban pensados para casas mal aisladas y necesitaban trabajar con agua a temperaturas muy altas (unos 70°C) para compensar la pérdida constante de calor a través de muros y ventanas.
Hoy, en viviendas bien aisladas, ya no es necesario ese golpe de calor intenso. Por eso, en obra nueva y rehabilitación integral se opta por sistemas que funcionan a baja temperatura, como el suelo radiante o radiadores de nueva generación, que trabajan con agua templada (35-45°C) y encajan mucho mejor con la eficiencia de la aerotermia.
En muchos casos, además, no es una elección del propietario: es la promotora o el proyecto de reforma quien decide estos sistemas desde el diseño inicial para maximizar el ahorro y cumplir con las exigencias de la normativa energética actual.
¿Qué pasa con las viviendas que ya existen?
Precisamente por el alto coste que suponen estas reformas en pisos antiguos, el apoyo a través de beneficios fiscales se vuelve vital para quienes no viven en una vivienda de obra nueva.
Todo esto no significa que haya que cambiar el sistema de calefacción de forma inmediata. La normativa europea no exige apagar las calderas que ya están en funcionamiento, pero sí marca el camino para su eliminación progresiva: el objetivo es que, para el año 2040, todos los edificios estén libres de sistemas basados en combustibles fósiles.
En la práctica, esto supone que, a medida que las calderas actuales agoten su vida útil, la legislación impulsará su sustitución por sistemas renovables o soluciones híbridas. Sin embargo, en viviendas ya construidas, dar el salto a la aerotermia supone hoy una inversión muy elevada que no siempre es viable sin una reforma energética profunda. En muchos hogares, los radiadores tradicionales siguen siendo una solución válida, especialmente donde el aislamiento aún es deficiente.
Por eso, el cambio está siendo progresivo y desigual: mientras la caldera de gas deja de ser la opción por defecto en la obra nueva y la rehabilitación integral, su presencia en el parque de viviendas existente irá disminuyendo de forma paulatina a medida que la eficiencia energética gane terreno.
Prórroga en las ayudas y deducciones para no quedarte atrás en la transición
Como el coste de esta transición energética es elevado, existen beneficios fiscales específicos para quienes decidan actualizar su vivienda. Si instalas aerotermia o autoconsumo solar, puedes aprovechar la prórroga en las deducciones de tu declaración de la Renta. Según los objetivos de ahorro que alcances, existen dos tramos principales:
- Deducción del 40%: se aplica a reformas en viviendas individuales que reduzcan el consumo de energía no renovable en un 30% o mejoren la calificación a clase "A" o "B". Esta ayuda está vigente para obras realizadas hasta el 31 de diciembre de 2026, con una base máxima de 7.500 €.
- Deducción del 60%: aplicable a obras de rehabilitación energética en edificios completos de uso residencial que alcancen esa misma reducción del 30% o clase "A". Gracias a su reciente prórroga, el plazo se extiende hasta el 31 de diciembre de 2027, con una base máxima de 15.000 €.
Al final, este cambio refleja que el confort ya no depende de cuánto subas el termostato, sino de lo bien construida que esté tu casa. El radiador tradicional no pierde relevancia porque ya no funcione, sino porque hemos aprendido a no necesitarlo.
¿Qué nos dice este cambio sobre la calefacción en casa?
Más que anunciar la desaparición de los radiadores, este cambio refleja algo más profundo: la forma de construir y rehabilitar viviendas está evolucionando. Cuando una casa conserva mejor el calor, necesita sistemas distintos a los de hace décadas.
Entender cómo es tu vivienda (su aislamiento, su consumo y su contexto) es más importante que fijarse solo en la tecnología. En muchos casos, la calefacción que tiene sentido hoy no es una decisión individual, sino el resultado de una transformación energética que ya viene incorporada en los edificios y que tiene un impacto directo en lo que pagas a final de mes.
Si tu casa es eficiente, pero tu factura sigue siendo alta, es el momento de revisar si tu sistema o tu tarifa están realmente alineados con las necesidades actuales de tu hogar.
¿Crees que estás pagando de más en tu factura?
Te ayudamos a comprobar, gratis, si en tu última factura o revisión de contrato te han incluido alguna cláusula o concepto extra.
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